Mi nombre es Chel, y soy la mujer detrás de Gaia & Co., una marca que nació del deseo profundo de reconectar con lo esencial: con la tierra, con lo hecho a mano, con el arte lento y con la creación misma de Dios.
Desde niña he sentido una fascinación especial por los detalles de la naturaleza —esas formas, colores y texturas que solo pueden venir de una mente infinitamente creativa. Siempre admiré cómo Dios creó cada cosa con intención y belleza. Esa sensibilidad fue parte de mí desde siempre, pero como muchas, al crecer la fui silenciando… hasta que algo en mí despertó de nuevo.
Hubo un momento en mi vida en que me sentía perdida profesionalmente. Probé muchas formas de expresión creativa, todas me gustaban, pero ninguna lograba cautivarme por completo. Entonces me convertí en mamá, y con la maternidad vino una nueva claridad: no quería renunciar ni a mi creatividad ni a estar presente en la vida de mi hijo. Quería construir algo desde casa, que me permitiera cuidar y crear al mismo tiempo, y que incluso él pudiera ser parte de ello.
Fue entonces cuando descubrí el teñido natural. Ver que la naturaleza nos ofrecía color, arte y expresión —sin químicos, sin daño, sin prisa— fue como encontrar una puerta que siempre estuvo ahí, esperando que la abriera. Empecé con pepas de aguacate, sin éxito. Pero no me rendí. Un día probé con cáscara de cebolla y el color que emergió me dejó sin aliento. Me enamoré del proceso, de su ritmo pausado, de su conexión con los ciclos, con la observación y la paciencia. Ahí, entre ollas, residuos y hojas, nació Gaia.
Gaia & Co. es mucho más que un emprendimiento. Es mi forma de crear una vida más lenta, más presente y más armoniosa. Es el puente entre lo que creo y lo que creo. Cada pigmento, cada tela teñida, cada kit que diseño, es una ofrenda a esa vida sencilla pero significativa que deseo para mí, para mi hijo, y para quienes se acercan a este universo botánico.
Mi hijo es mi segunda gran inspiración. Verlo descubrir el mundo con asombro me enseñó a observar lo que damos por hecho: una hoja, una sombra, un aroma. Él me recuerda cada día que la belleza no está en lo complejo, sino en lo que somos capaces de ver cuando miramos con atención.
Con Gaia quiero sembrar semillas en otros. Quiero que más personas redescubran la maravilla de lo natural, el poder transformador del arte hecho con las manos y la sabiduría ancestral que habita en los procesos lentos.
Hoy no solo tiño telas, tiño mi vida de propósito.
No solo creo productos, cultivo calma.
Y no solo emprendo, camino con fe hacia una vida tejida a mano.